Motivos personales

16.04.2018

Alejandro, mi amigo.

En aquel primer artículo os hablaba de mis amigos, los que decidieron quedarse a vivir en el pueblo en el que nacieron y, casi todos, por decisión propia.

Alejandro es uno de ellos.

Tiene 44 años y nos conocemos desde pequeños. Yo he pasado todos los veranos de mi vida en Casas de Haro y siempre estaba él. Porque nunca se fue. Porque para él su pueblo es el mejor sitio del mundo para vivir. Porque le gusta y sus circunstancias se lo permiten.

La vida de Alejandro no ha sido fácil.

Los que le conocemos sabemos porqué, pero ha hecho lo imposible por tener la vida que ahora tiene y sé que, como yo, todos los que le conocen le admiran por su tesón y su lucha. 


Alejandro es especial e irrepetible, ha trabajado en el pueblo y en otros de alrededor. Ahora es pensionista y sigue en el pueblo que le vio nacer junto a Caty, su mujer.

Sí, ella se enamoró de Alejandro y dejó Madrid para casarse e irse a vivir con su gran amor. Juntos han hecho que la vida sea mucho más llevadera.

Para él vivir en su pueblo tiene muchas ventajas: respirar aire puro cada día y disfrutar de esa tranquilidad que no encuentra en una ciudad. Sólo echa en falta gran parte de los servicios públicos que no llegan al pueblo. Va poco a la ciudad, dice que se "agobia" pero va y, cuando lo hace, aprovecha para ver y hacer cosas que no puede encontrar en su entorno cotidiano.


De sus amigos, muchos se fueron y otros se quedaron. No opina sobre a quién le fue mejor: "eso lo tiene que valorar cada uno, yo no puedo opinar de los demás".

A los que están pensando en cambiar la ciudad por un pueblo les anima a hacerlo porque merece la pena. Y les da un consejo: "que tengan paciencia y no tiren la toalla antes de tiempo".

Alejandro y Caty siguen viviendo en ese pequeño pueblo de Cuenca. No van a marcharse. Están allí porque así lo decidieron en algún momento de su vida y son felices.


¿Por qué no intentarlo? ¿Por qué no arriesgarse y comprobar que hay otra vida entre pinares y viñas?

Ahora, tenéis la oportunidad. Con el aliciente de que no tendréis que comprar casa ni buscar trabajo, ese es el premio de SIN RETORNO The Real Life.

Vamos a dar vida a esos pueblos que nos necesitan. 

¡Pensadlo!