it-Aprender del pasado para construir futuro

28.03.2018

El joven siglo XXI no nace por generación espontánea. El género humano no ha dejado de crear o imaginar a lo largo de toda su existencia. 

Pero, incluso, a estas alturas de la era tecnológica, con los avances más rápidos y espectaculares, los grandes interrogantes siguen manteniendo la misma vigencia. Ninguna cuestión que las mentes más brillantes de la historia no se hubieran planteado antes. Esas preguntas existenciales, de dónde venimos...

¿Adónde vamos?

En el siglo V antes de Cristo, el gran filósofo, Platón describía una sociedad ideal. Veinte siglos más tarde, en el XV, Thomas More -Tomás Moro-, pensaba en lo mismo y engendraba Utopía.

La isla artificial en la que la propiedad de la tierra o los bienes eran comunes, donde todos disponían de vivienda, en la que existía libertad religiosa e igualdad, y en la que los líderes eran elegidos por la comunidad.

 Ideas rompedoras para aquellas épocas, que tienen un reflejo en el siglo XXI: las ecoaldeas. Pequeñas sociedades que hacen realidad la utopía.

Ecoaldeas

Son una comunidad intencional que pretende ser sostenible social, ecológica y económicamente. Un concepto que tiene como objetivo una vida basada en el respeto por la naturaleza y las personas. Actualmente, no sobrepasan los 500 habitantes y, en ellas, todos se conocen y cooperan.

En las ecoaldeas se promueve la autosuficiencia y la autogestión para todas las necesidades diarias, incluyendo estudios, trabajo y ocio. Pero, esa autosuficiencia no implica un aislamiento con el exterior, cualquiera puede salir.

Se establecen una serie de reglas de convivencia y normas básicas acordadas con el ayuntamiento de la zona. Unos vínculos que aseguran la escolarización de los niños, el aprovisionamiento de alimentos, el apoyo en el suministro de agua, electricidad, la colaboración mutua, etc.

Existen ecoaldeas en todo el mundo, aunque las más emblemáticas se encuentran, posiblemente, en Escocia y Australia.

En España, también hay ejemplos.

Lakabe, un pequeño pueblo navarro, abandonado en los años 70 y repoblado por jóvenes en la década de los 80, ha desarrollado una economía plenamente solidaria. Mantiene espacios de trabajo para toda la comunidad como la escuela, la panadería, el aserradero, el taller mecánico, las huertas, etc.

La viabilidad, de estas pequeñas comunidades, nos concede la esperanza de una vida más humana y armoniosa.

Energías limpias.

Ahora, en la era más moderna, otras grandes mentes reflexionan y aceptan como imprescindible un desarrollo medioambiental sostenible. Fundamentalmente, para garantizar la supervivencia del mismo género humano.

El imparable desarrollo industrial, y de consumo, ha ocasionado un grave deterioro medioambiental. Las emisiones de CO2 y otros gases, además de destruir la capa de ozono afectan a la salud de las personas. La protección del medio ambiente es compromiso de todos. Personas, gobiernos e industrias avanzan en el desarrollo, concienciación y, mucho más lentamente, en la implantación de energías alternativas.

La energía eléctrica generada mediante paneles solares fotovoltaicos es inagotable y no contamina; contribuye al desarrollo sostenible y favorece el desarrollo del empleo local. Un sistema particularmente adecuado para mantener las ecoaldeas.

Los suministros energéticos se consiguen gracias a las placas solares que la mayoría de esas pequeñas comunidades utiliza para dotarse de electricidad. La lluvia y los pozos proporcionan agua y el alimento se consigue por medio de la agricultura ecológica y pequeñas granjas...

La viabilidad, de estas pequeñas comunidades, nos concede la esperanza de una vida más humana y armoniosa, utópica..

Sabemos que todas las grandes obras se inician con actos pequeños.

SIN RETORNO The Real Life pretende aportar su granito de arena.