Historia de otros.

22.05.2018

No soy de Cuenca pero también resido en una ciudad pequeña. Vivo en León y, siempre que puedo, me escapo al pueblo. Y sé que, por estos pueblos de la ribera del Porma, también hay valientes. 

Son hombres y mujeres jóvenes que quieren vivir en el campo y del campo. Me han hablado de algunos y, aunque apenas les conozco de vista, quiero contaros que en estos "pueblines" también hay emprendedores. Personas que llevan ya unos años desarrollando su profesión, su pasión o el oficio que aprendieron y lo han convertido en su modo de vida.  

Un ingeniero agrónomo. Un universitario que volvió al pueblo para trabajar en aquello para lo que había estudiado y que siempre le apasionó. Decidido a hacer realidad su sueño comenzó a comprar maquinaria agrícola, una inversión elevada que amortiza y rentabiliza cultivando y recolectando su tierra y la de otros. Muchos le alquilan las tierras, la mayoría son jubilados del campo que ya no pueden trabajar, y otros necesitan su apoyo tecnológico para sacar provecho de las suyas. 

Y, mientras tanto, él ensaya nuevos cultivos, para elaborar biomasa (por ejemplo), o trata de sacar mayor rendimiento a los tradicionales. El campo también necesita de la investigación y él pone su granito de arena, de forma independiente y decidida.

Sé que no es el único en la zona. Son varios los que se reparten unos pueblos en los que las propiedades no suelen ser grandes y es necesario trabajar un buen número de tierras para que la inversión "salga a cuenta". 

También hay una mujer joven que vive con su familia y se dedica a la cría de caballos de "Pura Raza".

Y otro muchacho que se echó novia en la ciudad, una ingeniera industrial a la que le gusta el campo y no le disgustan las vacas. Y menos mal, porque él tiene claro que va a seguir criando y cuidado de unas reses cuya carne se cotiza a buen precio en el mercado. 

Creo que es una buena muestra de que sí existen profesionales preparados que apuestan por el mundo rural. Pueblos en los que las personas siguen trabajando duro y esforzándose por devolver la vida al campo.

Estas historias me hacen confiar en que el sueño de recuperar los pueblos y la vida en el campo es posible. Y que un siglo tan tecnológicamente avanzado y globalizado, como en el que vivimos, puede (y debe) aportar mucho a la repoblación de los pueblos moribundos.

M.F.

Un saludo para SIN RETORNO THE REAL LIFE