Experiencia personal

09.04.2018

Caty tiene 43 años. 

Hace 22, dejó atrás su vida en el madrileño barrio de Atocha para emprender la aventura de vivir en un pueblo. 

Primero San Clemente, Cuenca, donde estuvo 3 años. Después Iniesta, allí vivió otros cuatro. Y, por fin, hace quince años, se estableció en un pequeño pueblo de la Mancha conquense, Casas de Haro. Total, 22 años, casi media vida.


Lo dejó todo por amor. 

Y no se arrepiente. 

Yo, que les conozco, me parece que llevan toda la vida juntos. Se quieren y se respetan, han luchado unidos. Son unos valientes. Cada vez que la vida les ha puesto la zancadilla (que ha sido varias veces) se han levantado con mucha más fuerza y ahí siguen, queriéndose como el primer día y sabiendo que todos sus esfuerzos han servido para mucho.

Cuando Caty decidió abandonar Madrid, sus amigas pensaron que había perdido la cabeza. Sin embargo, a su familia no le pareció tanta locura. Al principio no fue fácil. Es un cambio radical y casi empezar de cero, pero enseguida se acostumbró y ahora, con el paso de los años, se ha dado cuenta de que ha ganado tranquilidad y ha aprendido a no aburrirse. Sólo echa de menos a su familia y ni se le pasa por la cabeza volver a Madrid o a otra ciudad.


Quiere vivir donde vive. 

Para ella, el pueblo ofrece muchas ventajas: vive en una casa al lado del campo, va andando o en bicicleta a todas partes y aprovecha mucho más el tiempo... incluso ahora se relaciona con mucha más gente que antes. ¿Desventajas? No hay hospitales, universidades o institutos.

Me interesa saber como es su día a día y le pregunto: "Ando 10 kilómetros por el campo cada mañana, luego me meto con las cosas de casa. Por las tardes, dos días tengo teatro, otros dos yoga y uno voy a un club de lectura. Por las noches, veo alguna serie o película y después leo un rato".

La vida tranquila que todos desearíamos tener ¿no?

Caty y su marido tuvieron la oportunidad de vivir en una capital de provincia e ir todos los días a trabajar al pueblo (el trabajo de su marido estaba allí). Pero no lo hicieron. Ellos saben que esa alternativa les hubiera robado mucho tiempo y calidad de vida.


A las personas que están pensando en cambiar su vida de la ciudad a un pueblo sólo les dice: "Que disfruten del día a día estén donde estén y que sean felices."


Gracias, Caty.

SIN RETORNO The Real Life