BLOG SIN RETORNO

Hace 22, dejó atrás su vida en el madrileño barrio de Atocha para emprender la aventura de vivir en un pueblo.

Un producto se exporta. Y el mismo país exportador lo importa después, a un precio inferior. Desde luego, por no usar otro calificativo, resulta paradójico.

Nací en Madrid, en 1962, aunque mis raíces están en un pueblo de La Mancha. Allí pasé todas las vacaciones de mi infancia y mi adolescencia. Aprendí muchas cosas e hice buenos amigos que, aún hoy, siguen ahí.

Soy uno de tantos jóvenes que se encuentra en paro. Terminé mis estudios hace más de 3 años y hasta el momento, no he podido ejercer. He sido camarero, comercial, socorrista... otra vez camarero, y así siempre. Atrapado en un bucle sin salida ¿o no?

La gravísima crisis de la última década nos ha dejado menos trabajo en las ciudades, sueldos mucho más bajos, desempleo, viviendas caras y menos posibilidades de prosperar.

Mis abuelos maternos salieron de un pueblo extremeño, a principios de los años 60. Querían comenzar una nueva vida en la capital. Cogieron a sus hijos, algunas maletas llenas de recuerdos y el poco dinero que habían conseguido vendiendo lo que tenían; todo para comprar un piso de cincuenta metros cuadrados en Madrid.