Desde hace décadas la despoblación ha sido mas que un problema concreto, una musa literaria. Escritores y creadores la han retratado como esa pérdida sentimental, de desgarros íntimos e inspiradores.

Soy artista y me mudé a mi pueblo, después de lanzar un negocio en la ciudad. La actual crisis y la poca sostenibilidad de mi sector fueron los principales detonantes para esta decisión.

La despoblación es esa vieja realidad española que clama auxilio. Las voces se alzan en Aragón, Castilla y León, Castilla-La Mancha,... Y los encargados de poner en marcha las soluciones se pierden en debates eternos.

No soy de Cuenca pero también resido en una ciudad pequeña. Vivo en León y, siempre que puedo, me escapo al pueblo. Y sé que, por estos pueblos de la ribera del Porma, también hay valientes.

La necesidad del respeto a la naturaleza y una vida en conciliación con ella, parecen algo comúnmente admitido y sin embargo, no superamos la teoría.

Vivo en un pueblo. Nunca pensé que haría algo así. Ya he perdido el "glamour" de la gran ciudad pero estoy encantada.

Hace ocho años decidí irme al pueblo. Después de 15 años trabajando en la misma empresa, terminé en el paro. La empresa no podía con la crisis y yo tampoco.

Mi nombre es Alba y tengo 34 años. Hace unos años decidí salir de Madrid para vivir en un pequeño pueblo.

Hablamos de conciencia ecológica y todos queremos salvar el planeta. Todos, salvo los militantes del "como no lo verán mis ojos...".

En aquel primer artículo os hablaba de mis amigos, los que decidieron quedarse a vivir en el pueblo en el que nacieron y, casi todos, por decisión propia.