APICULTORES

La apicultura produce un gran número de beneficios. La polinización de las plantas en flor, salvajes o cultivadas, es indispensable para que la vida continúe sobre la tierra. Un proceso esencial, de un valor inestimable. La miel es el más popular de los productos de la apicultura, aunque no el único. 

Un apicultor se encarga de cuidar a las abejas, en todos los aspectos; desde el mantenimiento del lugar hasta la continuidad de las colmenas. Una gran responsabilidad, que requiere esfuerzo y aprendizaje. Especialmente, si pensamos que resulta imprescindible conseguir que las abejas no desaparezcan, y no por la supervivencia de la especie ni por pura conciencia ecológica, sino también económica.

La miel se puede importar, la polinización NO.

La demanda mundial de miel es real. Incluso, existe un mercado de lujo. La miel más cara del mundo se obtiene de una gruta a 1.800 metros de profundidad, en la ciudad turca de Artvin, y su precio llega a los 5.000 € por kilo.

España es el principal productor europeo de miel, con casi 2,5 millones de colmenas. La producción es de 34.000 toneladas anuales. Aunque, ni mucho menos, pueda alcanzar esos precios de mercado, la miel es una gran fuente de ingresos que puede correr peligro.